La edad ideal para ser padre: más allá de los 30, según la ciencia

La edad ideal para ser padre: más allá de los 30, según la ciencia

¿Sientes una presión sutil sobre la maternidad o paternidad, pero no sabes cuándo ni cómo dar el paso? Esa inquietud sobre el deseo de tener hijos puede surgir pronto, a menudo en la veintena, pero choca con estudios, trabajo, dinero y preguntas sobre la relación. Es clave entender que existe un momento crucial que define mucho más de lo que crees.

El dilema de la juventud: cuando el deseo de hijos pesa más

Un estudio alemán de larga duración, publicado en Psychology and Aging, siguió a 562 jóvenes adultos desde su veintena hasta bien entrada la madurez. Los investigadores querían saber qué ocurre cuando se da mucha importancia a tener hijos a una edad temprana, pero finalmente no llegan a tenerlos. El resultado aborda un tabú: no se trata solo de tener o no tener hijos, sino de lo que sucede si ese profundo deseo permanece insatisfecho.

Los participantes, hombres y mujeres, fueron encuestados regularmente sobre su bienestar, sus metas y su vida familiar. Algunos tuvieron hijos, otros no. Lo sorprendente: a largo plazo, las curvas generales de felicidad entre las personas con y sin hijos se mantuvieron bastante parejas. Tener hijos no garantiza una vida más color de rosa, pero tampoco la hace automáticamente más difícil.

Sin embargo, para quienes ven en tener un hijo el objetivo vital número uno en la juventud, pero luego no llegan a ser padres, el riesgo de **recuperación mental y emocional es notablemente mayor**.

Los 20: el punto de inflexión para tu proyecto de vida

En los datos, una edad se repetía constantemente: alrededor de los 20 años. No como la edad mágica para concebir, sino como un punto de inflexión en el que el significado de la aspiración a tener hijos se consolida. Quienes a esa edad ya piensan: «Mi vida será un fracaso sin hijos», parecen **más vulnerables más adelante si ese deseo no se cumple**.

Cuando un deseo de hijos insatisfecho te consume

El estudio revela que la combinación de dos factores es especialmente dolorosa: un deseo muy fuerte de tener hijos y el hecho de no llegar a ser padre o madre. Estas personas reportaron mayor somnolencia, más soledad y menor resiliencia cognitiva en edades más avanzadas.

Los investigadores identificaron tres patrones recurrentes en los participantes con un fuerte deseo de hijos en la veintena:

  • Aquellos que no tuvieron hijos y seguían aferrados a la idea de «debería haber sido padre/madre», se sentían más vacíos y amargados en la mediana edad.
  • Quienes no tuvieron hijos pero desarrollaron otros objetivos vitales, como el trabajo, el cuidado de familiares, el voluntariado o el compromiso creativo, mostraron mejores indicadores de bienestar.
  • Las personas que sí tuvieron hijos no se sentían automáticamente más felices, pero a menudo se sentían más integradas en una red social.

No es el hecho de no ser padre o madre lo que pesa más, sino la sensación de que **tu historia de vida ha fracasado**, lo que parece ser la carga más pesada.

Aquí es donde el estudio toca un punto doloroso de nuestra época: la sociedad envía mensajes contradictorios. Por un lado, se enfatiza la carrera, los viajes y el desarrollo personal más allá de los treinta. Por otro, el antiguo guion sigue flotando en el aire: «La verdadera madurez solo comienza con los hijos». Quien cree esto último pero nunca llega a serlo, no solo pierde un sueño, sino también una parte de su identidad.

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Por qué ajustar tus metas vitales te protege

Un grupo destacado en la investigación fueron las personas sin hijos que ajustaron sus metas a lo largo del camino. Dejaron atrás la idea de que su felicidad dependía enteramente de la paternidad. Algunos proclamaron un alto interno: «Quizás no seré padre/madre. ¿Qué sí puede ser central en mi vida entonces?».

Ese giro mental pareció aumentar su resiliencia. Su satisfacción con la vida aumentó con el tiempo, incluso si pasaron por una dolorosa fase de aceptación alrededor de los treinta o cuarenta años. **Manejar la flexibilidad con las grandes metas vitales**, como formar una familia, funciona como una red de seguridad psicológica para muchas personas.

Esta flexibilidad no significa negar tu deseo. Se trata más bien de permitir múltiples historias vitales posibles. Una persona puede encontrar un profundo sentido como padre o madre, pero también en otros roles: mentor, cuidador, profesor, líder comunitario, padrastro o madrastra.

¿Qué hacer si tu deseo choca con la realidad?

Los psicólogos observan varias estrategias concretas que ayudan a las personas cuando su deseo de hijos se frustra, ya sea por problemas de fertilidad, una ruptura sentimental o una reflexión consciente:

  • Buscar nuevas fuentes de cuidado y conexión, por ejemplo, asumiendo roles de mentoría, voluntariado con jóvenes o cuidando a familiares mayores.
  • Tomar conciencia y despedirse conscientemente de la imagen idealizada que tenías en tu veintena.
  • Dar espacio a las emociones mixtas: tristeza por lo que no llegó, pero también curiosidad por lo que aún está por venir.
  • Seguir invirtiendo en amistades, incluso si tu entorno se «infantiliza» y los temas de conversación cambian.

Padres, madres y personas sin hijos: caminos diferentes, soledad distinta

El estudio también mostró diferencias entre hombres y mujeres. Especialmente los padres reportaron menos soledad en edades avanzadas que las madres y las personas sin hijos. Una posible explicación radica en las expectativas sociales: los padres, a menudo a través de la escuela, el deporte y hobbies, entran en contacto con otros padres de forma natural, mientras que las madres pueden soportar una mayor carga de cuidados y, a veces, más presión mental.

Para las mujeres sin hijos, la mirada social funciona de manera diferente. A menudo reciben preguntas como: «¿Por qué no tienes hijos?» o comentarios como: «Ya te arrepentirás». Dichas frases pueden calar hondo y reforzar la experiencia de ser una observadora externa.

Esto no significa que a los padres les vaya automáticamente mejor. Significa que los roles sociales, las expectativas y las redes de apoyo pueden marcar la diferencia. Un padre o madre que enfrenta presión financiera o vive en una relación inestable tendrá una experiencia muy diferente a alguien con un fuerte apoyo a su alrededor.

¿Existe realmente una edad «ideal» para la paternidad/maternidad?

Los investigadores alemanes señalan alrededor de los 20 años una ventana sensible: la edad en la que muchas personas trazan su futuro. Pero eso no convierte los veinte en una norma o regla. El contexto cambia rápidamente: los estudios se alargan, las viviendas son caras, las relaciones se rompen con más frecuencia, las opciones médicas como los tratamientos de fertilidad estiran los límites biológicos.

Poner un número estricto a la «mejor» edad para pensar en hijos simplemente no encaja con esa realidad. Para alguien con un trabajo precario y una salud frágil, los 28 años se sienten muy diferentes a para alguien con trabajo fijo, pareja estable y familia cerca.

La pregunta crucial se desplaza de «¿Cuándo debo tener hijos?» a **»¿Encaja el rol de padre/madre con quién quiero ser, y en qué circunstancias?»**.

Para algunos, esto significa una decisión consciente de ser padres temprano, precisamente porque encuentran un profundo sentido en una familia numerosa. Para otros, con el tiempo surge un claro «no», no por egoísmo, sino por honestidad sobre sus límites, capacidad o valores. Entre ellos hay un gran grupo de hombres y mujeres con dudas que siguen dialogando consigo mismos.

Herramientas prácticas para encontrar tu propio ritmo

Si alrededor de los veinte, treinta o incluso cuarenta años te atormenta la pregunta «¿debería querer tener hijos?», puedes beneficiarte de una especie de «mini-simulación» personal del futuro. No con números, sino con escenarios. Unas pocas preguntas pueden ayudar:

  • ¿Cómo se vería mi día a día CON hijos y cómo SIN hijos?
  • ¿Qué actividades estoy dispuesto/a a ceder de forma estructural o a limitar drásticamente?
  • ¿Cómo reaccionaría ante situaciones de cuidado a largo plazo, por ejemplo, un hijo enfermo o una pareja incapacitada?
  • ¿Qué fuentes de apoyo tengo: familia, amigos, colegas, estructuras de cuidado?
  • ¿Cómo afrontaría giros inesperados: mudanza, pérdida de empleo, ruptura sentimental?

Hablar en voz alta sobre tales escenarios con una pareja, amigo o terapeuta, aclara si el deseo de hijos proviene de una motivación interna o más bien de una presión externa. Esa claridad puede protegerte más adelante si la realidad difiere de lo esperado.

Finalmente, el tema toca otras áreas de la vida: planificación financiera, salud mental, elecciones de carrera. Quien duda sobre la paternidad/maternidad, puede empezar con una revisión general de su vida: ¿dónde hay ya energía, dónde se agota, qué responsabilidades puedo asumir de forma realista? Ese tipo de reflexión ayuda no solo con el deseo de hijos, sino también con otras decisiones importantes, como mudarse juntos, emigrar o cambiar de carrera.

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