9 hábitos que debes abandonar para evitar la soledad después de los 70

9 hábitos que debes abandonar para evitar la soledad después de los 70

Un ritmo de vida acelerado, amistades cambiantes y un cuerpo que se ralentiza: la red social de las personas mayores a menudo se reduce sin que se den cuenta. Muchos de nosotros solo nos damos cuenta de lo silenciosos que pueden volverse los días al llegar la jubilación. No es por falta de deseo de vernos, sino porque pequeños hábitos cierran la puerta al contacto paso a paso. La soledad después de los 70: una silenciosa crisis de salud.

Investigaciones en Europa demuestran un aumento estructural de la soledad entre los mayores de 65 años, especialmente entre mujeres, personas con problemas de salud y quienes viven solos. Esta soledad no se limita a un sentimiento melancólico: está vinculada a una mayor depresión, un deterioro más rápido de la memoria y un mayor riesgo de muerte prematura.

La soledad afecta al cerebro y al cuerpo de forma similar al estrés crónico: insidiosa, debilitante y, a menudo, subestimada. El lado positivo es que muchas de sus causas están relacionadas con comportamientos que se pueden cambiar. No se trata de grandes revoluciones vitales, sino de pequeños ajustes en la rutina diaria. Así, los noventa no son una estación final de aislamiento, sino una edad con citas en la agenda y rostros conocidos a nuestro alrededor.

1. Decir siempre «quizás en otra ocasión»

Una vecina pregunta si te gustaría ir al mercado, un nieto quiere que estés en la banda durante un partido de fútbol. La respuesta «quizás» parece educada y abre posibilidades. En la práctica, la gente lo interpreta como un «más bien no». Después de un par de respuestas vagas, muchos simplemente dejan de preguntar.

Las respuestas claras mantienen vivas las relaciones. Di sí si puedes, y no si no te conviene. Añade una propuesta concreta:

  • «El sábado no puedo, pero el lunes por la tarde sí que podría una hora.»
  • «No iré al partido, ¿pero me enviarás una foto después?»
  • «Hoy estoy cansado, pero el viernes a las diez me viene bien.»

Las respuestas vagas debilitan las relaciones, mientras que los acuerdos concretos las fortalecen. Cada cita confirmada refuerza el sentimiento de que importas en la vida de alguien. Las personas necesitan esa validación tanto como tú.

2. Quedarse en casa por miedo a caerse

Muchos mayores evitan las aceras, las escaleras o los lugares concurridos por puro miedo a tropezar. Este miedo a veces surge tras una caída, pero otras tantas nace de las historias de otros. El resultado: menos movimiento, menos encuentros, mayor dependencia y más miedo.

Los médicos hablan cada vez más de la «espiral del miedo a caer»: cuanto menos se mueve una persona, mayor es el riesgo de inestabilidad real.

Pasos prácticos para salir a la calle con seguridad:

  • Haz revisar tus zapatos: suela firme, buen soporte, sin tacones desgastados.
  • Pide a tu médico de cabecera o fisioterapeuta ejercicios de equilibrio y fuerza muscular.
  • Usa un bastón o andador SIN vergüenza; es una herramienta, no una etiqueta.
  • Acuerda salir a caminar con alguien en lugar de ir solo.

No es la calle, sino el sedentarismo lo que te hace vulnerable. Muchos centros comunitarios y consultas de fisioterapia ofrecen entrenamiento para la prevención de caídas. Estos programas no solo aportan estabilidad, sino también nuevos contactos con personas que atraviesan la misma etapa vital.

3. Pensar que la tecnología «no es para mí»

Videollamadas con familiares en el extranjero, un grupo de WhatsApp con vecinos, participar online en un ensayo coral: las herramientas digitales pueden reducir la distancia de forma literal. Sin embargo, muchos mayores de 70 años rechazan todo lo relacionado con aplicaciones, códigos o cuentas.

Esto supone un coste en oportunidades sociales. Los hijos y nietos viven en gran medida online. Quien no se conecta nunca, se pierde parte de su vida cotidiana. Reduce las barreras digitales:

  • Pide ayuda a un nieto o un vecino joven para una tarde de «servicio de limpieza y explicación digital».
  • Apunta pasos sencillos en papel: «1. Enciende el teléfono, 2. Toca este icono…»
  • Busca un curso de informática en la biblioteca o en el centro del barrio.
  • Limita el objetivo: aprender a usar bien una aplicación es suficiente para mantener el contacto.

La destreza digital no depende de la edad, sino de la práctica y de atreverse a probar. Investigaciones con mayores de 65 años en Europa muestran que quienes utilizan activamente internet y las videollamadas reportan con menos frecuencia quejas prolongadas de soledad. No porque la tecnología reemplace un abrazo, sino porque el silencio da paso a la interacción.

4. Estar sentado todo el día

Estar sentado durante mucho tiempo afecta a los músculos, al corazón y al estado de ánimo. Varios estudios demuestran que la falta de movimiento presenta riesgos comparables para la salud cerebral a los del aislamiento social prolongado. El movimiento facilita salir de casa y mantenerse «entre la gente».

El movimiento suele ser el primer paso hacia el encuentro: donde hay movimiento, también hay conversación. Los médicos observan que, especialmente, el ejercicio ligero y regular (caminar, hacer jardinería, montar en bicicleta) mantiene el tejido social abierto por más tiempo que un régimen deportivo estricto pero solitario.

5. Contar solo con la familia

Los hijos y nietos brindan mucho cariño, pero sus horarios viven a otro ritmo: trabajo, escuela, citas, cuidado de su propia familia. Quien solo cuenta con ellos para tener compañía, inevitablemente experimentará huecos en su agenda.

Por ello, cada vez más mayores construyen conscientemente una «familia elegida»: personas con las que no comparten lazos de sangre, pero sí confianza. Círculos nuevos, roles nuevos:

  • Únete a un club de cartas, coro, club de lectura o mesa de comedor comunitaria.
  • Aprende a conocer al menos a un vecino por su nombre y intercambia números de teléfono.
  • Participa en un equipo de voluntariado, por ejemplo, en una tienda de segunda mano o centro vecinal.
  • Preséntate como voluntario «amigo» a través de una organización social; dar también crea conexión.

Cuantos más círculos tengas, menor será la probabilidad de quedarte solo de repente. En caso de pérdida, enfermedad o mudanza, este tipo de red a menudo resulta decisiva. No solo para ayuda práctica, sino también para el simple sentimiento de que alguien pregunta: «¿Cómo estás realmente hoy?».

6. Dejar que las antiguas aficiones se desvanezcan

Las aficiones funcionan como imanes sociales. Quien pinta, canta, juega al ajedrez, cocina o cultiva un huerto, entra en contacto naturalmente con personas que comparten el mismo interés. Con la edad, algunas actividades desaparecen: se vuelven físicamente más pesadas, el transporte es más difícil, la energía disminuye.

Sin embargo, una afición no tiene por qué terminar; puede transformarse:

  • Renunciar a la huerta comunitaria, pero unirse a un club de jardinería que organiza charlas.
  • No dirigir más el coro, sino ayudar en la organización del mismo.
  • No más tenis competitivo, sino jugar al tenis de mesa recreativo en el centro vecinal.

Quien comparte su conocimiento, permanece en el centro del juego, incluso si ya no está en el campo de batalla. Las asociaciones a menudo buscan miembros experimentados que quieran entrenar, enseñar a jóvenes o simplemente mantener las cosas en marcha. Esto no solo proporciona contactos sociales, sino también un sentimiento de propósito, que a menudo desaparece tras la jubilación.

7. Entristecerse por el scroll interminable de noticias

Seguir las noticias ayuda a mantenerse conectado con la sociedad. Pero quien se sumerge durante horas en noticias sobre guerras, criminalidad y crisis, fácilmente se vuelve cínico. Esto puede llevar a afirmaciones como: «La gente ya no tiene remedio». Tales convicciones agotan la energía social.

Hábitos mediáticos saludables:

  • Elige dos momentos fijos al día para informarte, por ejemplo, por la mañana y alrededor de las 18:00 horas.
  • Combina un boletín de noticias con algo ligero: música, un resumen deportivo, una serie cómica.
  • Lee medios locales: a menudo contienen historias sobre iniciativas en las que tú mismo puedes participar.
  • Habla sobre las noticias con otros, en lugar de cargar solo con ellas.

Una mente informada no es una mente sobrecargada. El equilibrio en la información deja espacio para el contacto. Los psicólogos observan que las personas que hacen pausas conscientes en su consumo de noticias se sienten más sociales y evitan menos las situaciones sociales por desconfianza o pesimismo.

8. Encontrar que las mascotas son demasiado complicadas

Un perro o un gato requiere atención, dinero y planificación. Sin embargo, decenas de estudios demuestran que los animales son una fuente sólida de estructura y calidez para las personas mayores. Un perro obliga a pasear a diario. Un gato ofrece contacto físico y ritmo. Incluso un canario o un pez de acuario aportan vida al hogar.

Quien duda de una responsabilidad permanente, también puede empezar poco a poco:

  • Pasear ocasionalmente al perro de los vecinos.
  • Ofrecerte como cuidador temporal del gato de la familia.
  • Ayudar como voluntario en un refugio de animales o en una mañana de «abrazos» en una institución de cuidados.

Un animal responde a tu presencia, no a tu edad. Esa sensación de ser visto es un fuerte antídoto contra la soledad. Investigaciones demuestran que los dueños de perros, en particular, inician conversaciones con más frecuencia en la calle. Esto no siempre resulta en una amistad profunda en cada paseo, pero sí en breves momentos de conexión que alegran el día.

9. Ignorar las señales de problemas mentales

Tras la jubilación, la pérdida de un cónyuge o problemas de salud, a menudo surge un período de duelo y adaptación. La tristeza es parte de ello. Cuando la melancolía persiste durante meses, el patrón de sueño y el apetito cambian y el interés por el contacto desaparece, nos acercamos a una depresión o un trastorno de ansiedad.

Muchos mayores dicen entonces: «Así son las cosas a mi edad». Los médicos de cabecera reconocen este mecanismo y ven que la ayuda a menudo se busca tarde, aunque el tratamiento funcione bien en personas mayores.

Qué considerar al buscar ayuda:

  • Habla explícitamente con tu médico de cabecera sobre la melancolía persistente, no solo sobre los síntomas físicos.
  • Infórmate sobre la existencia de un psicólogo de apoyo de atención primaria (POH-GGZ) con experiencia en personas mayores.
  • Consulta si hay grupos de conversación para duelo, cuidado de familiares o soledad en tu zona.
  • Si es necesario, busca contactar con un capellán, incluso fuera del ámbito religioso.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino un acto de autocuidado que hace que los contactos sociales vuelvan a ser posibles. La resiliencia mental saludable facilita aceptar invitaciones, conocer gente nueva y no rendirse a la primera decepción.

Conectar requiere práctica, no talento

Las relaciones rara vez desaparecen de repente. Comienza con un café que cancelas, un paseo que dejas pasar, un curso en el que no te inscribes. Sumadas, estas pequeñas elecciones forman un patrón que, a la larga, conduce al aislamiento. Lo contrario también funciona igual de bien. Un «sí» adicional por semana, una llamada telefónica que tú mismo haces, una actividad a la que te inscribes, construye lentamente una red que puede resistir los embates.

Herramientas adicionales: Realizar un «chequeo» social personal

Una forma sencilla de controlar tu situación social es un breve autotest mensual. Escribe en una hoja de papel:

  • ¿Con quién he hablado en persona este mes?
  • ¿Cuántas veces he contactado yo mismo a alguien?
  • ¿A qué invitación he rechazado y que quizás habría sido mejor aceptar?
  • ¿Cuál es un pequeño paso que quiero dar el próximo mes?

Quien observa sus contactos de esta manera, ve antes dónde empiezan a fallar las cosas. Esto da margen para corregir el rumbo a tiempo, en lugar de esperar a que el silencio se haga ensordecedor.

Actividades que suelen funcionar después de los 70

No a todo el mundo le gustan los clubes de cartas o cantar. Algunas formas de contacto suelen tener buena acogida entre las personas mayores en los Países Bajos:

  • Comidas comunitarias y «mesas de comedor» en centros vecinales, donde comer juntos es el foco principal.
  • Proyectos de ciclismo o senderismo con voluntarios, como bicicletas tándem.
  • Compañeros de idioma o proyectos de lectura, donde los mayores pueden aplicar su sensibilidad lingüística.
  • Cafés para cuidadores familiares, donde personas en situaciones similares se reconocen mutuamente.

El riesgo de no tomar decisiones es que los contactos sociales se formen más por casualidad que por propia iniciativa. Al elegir conscientemente una o dos modalidades que se adapten a tu cuerpo y carácter, aumenta la probabilidad de que a los 75, 85 o incluso 95 años sigas teniendo nombres y rostros a tu alrededor que no solo conoces por las fotos.

¿Qué piensas tú? ¿Hay algún hábito que te haya ayudado especialmente a mantener tus conexiones o que creas que deberíamos abandonar todos? ¡Comparte tu experiencia en los comentarios!

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